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15 de
diciembre de 2011
Por 7 de
espadas
Empiezo por el líbero
Pan, queso, pan, queso, PAN. Vos, el enano, vení. Si, elijo al líbero primero.
Dejalo al grandote que bloquea, al que le pega como una mula. Al armador mágico.
Dame a ese enano que recibe y defiende, el que busca las imposibles. Al espíritu
batallador del equipo. Dámelo a mi.

Valentín Forastiero, uno de los mejores de Mar del Plata y
alrededores
Jugar al lado de un mal líbero es como comer asado con agua. No se disfruta. Que
vayan a sacar del otro lado y estar tranquilo cuando le va a él, no tiene
precio. Que ataquen para 5 y saber que esa sale para arriba te hace feliz. Que
corra a la tribuna a buscar una pelota inalcanzable dan dan ganas de poner cada
vez mas.
El momento que provoca más miedo en el vóley es recibir. Esos 10 segundos entre
que perdés un punto, el tipo de enfrente se prepara para sacar, vez el
tanteador, terminaste de perder un punto, acordate. Estas 23-24, y el árbitro
pita, el opuesto se la juega y le pega duro, vez la pelota venir y al líbero
buscarla, ¿estas tranquilo?. Tenés un buen líbero, tenés un buen equipo.
Si, es difícil ser líbero, estar vestido distinto, no hacer un punto nunca, o
casi, dedicarte a no dejarla picar. Tenés que estar acostumbrado a jugar en esa
posición para festejar un punto propio, si, porque una buena defensa aporta más
para ganar el punto que un contraataque, porque un buen armado le da la
posibilidad al equipo a sumar y no solo pasarla para el otro lado.
Te elijo a vos, a los enanos. A los Forastiero, a Meana, Juárez y Del Valle, a
Chiaradía, Battou, Hayes y Alfaro, y a todos y todas las que se ponen la
distinta, la que no elige número, el que no saca ni ataca, la que disfruta de
que no hagan punto, son los que hacen jugar mejor al equipo. Gracias a
sacrificado aporte al vóley, los elijo primero
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Soy del club de los Admiradores del
Siete de Espada. Todos sabemos de lo
sobrevalorado que está el ancho, no lo
despreciamos, pero nunca lo pondríamos
en nuestra frente. Así vivimos los del
club, buscando a esos siete bravos de la
vida. Cuando los amigos ven a una mina
que está buenísima, los del club vemos a
la amiga, no tan buena físicamente, pero
que llena el alma con una sonrisa, con
un gesto.
Preferimos la bicicleta a la moto, el
bondi al remis, vivimos la vida simple.
No comemos en Mac Donlad, preferimos una
cena casera. Salimos poco, mejor
juntarse con amigos a charlar.
No vamos a Camboriú, el Caribe o Rio
de Janeiro, somos de Gesell, Necochea o
San Clemente. Disfrutamos de la playa
sin sombrilla ni reposera, mate y Don
Satur alcanza.
Navidad y año nuevo no significa
mucho. Cada día tiene el mismo valor,
somos felices con poco. Los del Club del
Siete de Espadas somos así. Pero no se
lo cuenten a nadie, si viene otra que
pincha, sale Falta envido!
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