30 de diciembre

Cuento corto de Luis Segrob

Goran el grande  

   Los que lo ven jugar no pueden dejar de apreciar su talento. Goran Vujevic es uno de los jugadores más completos de la historia. Para los que lo vimos de cerca nos deja tres opciones: admirarlo, tratar de imitarlo, abandonar el voley.

 

 

 

   En Mar del Plata en el Mundial 2002 dejó 2 muestras gratis de voley que tendrían que aparecer en cualquier manual de estilo. Jugando para la vieja Yugoslavia junto a Ivan Miljkovic y los hermanos Grbic, Vladimir y Nikola, el armador defendió un pelotazo japonés que hizo que el balón se dirija a metros del techo del Islas Malvinas y vaya cerca de su propio banco de suplentes. Goran que estaba en posición seis la pidió, sin necesidad de exaltar demasiado a su equipo y hacer grandes señas, todos se corrieron y dedicaron ese instante sólo para verlo a él. Como quien camina por una plaza una tarde de sol y se toma un helado, se secó la transpiración de las manos en el short, ni siquiera necesito respirar profundo o buscar la mayor concentración, y con una pasmosa tranquilidad armó una caricia de manos altas a cuatro, alta limpia le cayó a Vladimir que hizo el punto, los nipones preguntaban si eso era real, algo tan complejo Goran lo llevó a lo más simple.

    Cuando el partido ya estaba casi ganado decidió divertirse, en complicidad con Nikola, hizo una jugada que no he vuelto a ver en mi vida, justo contra los maestros del engaño. En posición dos arrancó como para pegar una corta detrás del armador que recibió la pelota perfecta en sus manos. El menor de los Grbic hizo todo el gesto como para dejarla cortita atrás para que el receptor punta sorprenda pegando una pelota exclusiva de los centrales, pero allí surgió lo increíble, Goran justo antes de elevarse se frenó, hizo un paso lateral con su pie derecho y ahí salto al lado de la varilla en el instante en que Nikola levantaba una pelota metro atrás. Dos bloqueadores quedaron en ridículo bloqueando la nada, cuatro defensores impotentes y todo un estadio incrédulo, la pelota estalló por la paralela en los cuatro metros por delante de un japonés que solo tuvo tiempo de cuidar su integridad física. El silencio y el asombro se hicieron uno para luego convertirse en aplauso y admiración.

 

Luis Segrob - lsegrob@mdqvoley.com.ar